Especies de milhojas

Especies de Myriophyllum
Propagación universal


Las milhojas, también llamadas pluma de ave, son plantas de acuario bonitas e inconfundibles. Con sus hojas plumosas finas, divididas en numerosos segmentos, tienen un aspecto muy peculiar y característico. Su excelente aptitud para el acuario, su belleza deslumbrante y su buena conservación sólo la despliegan la mayor parte de especies en acuarios de agua fría, con gran intensidad luminosa y una temperatura no superior a 20 °C. En tal caso, las especies procedentes de climas templados son las más indicadas, sobre todo las milhojas norteamericanas, por ejemplo la Myriophyllum hippuroides, que da lugar a ejemplares magníficos y tolera temperaturas de hasta 24 °C.

Las especies locales son menos indicadas como plantas de acuario y sólo medran en agua fría. Como milhojas tropical hay que tomar en cuenta ante todo la milhojas brasileña Myriophyllum aquaticum que por sus hojas emersas se llama también «pluma de ave». Con buena iluminación se desarrolla bien en acuario de agua cálida, de conformidad con su origen, pero no alcanza la belleza ni la exuberancia de las «milhojas de agua fría».

Últimamente han aparecido en el comercio otras especies de milhojas tropicales, p.ej. el «M. mattogrossensc» (cuya identidad no está garantizada), que ha demostrado buena adaptación al acuario tropical y que, si dispone de iluminación intensa, despliega un colorido pardo rojizo. Por descontado que las milhojas de zonas templadas pueden cultivarse en acuario tropical durante algún tiempo. Su valor ornamental es casi insuperable, pero su poca adaptación las relega a una posición de meros «huéspedes» del acuario de agua caliente.

Lo importante para todas las especies de milhojas es que las partículas de suciedad no se remuevan ni agiten, p.ej. por el aire insuflado o por peces que remueven el fondo en busca de alimento. Estas partículas se depositan sobre los finos segmentos foliares, dándoles un aspecto feo, entorpeciendo su crecimiento y facilitando la aparición de las algas. Las milhojas no plantean exigencias especiales en cuanto al suelo de fondo ni al agua.

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